viernes, 18 de mayo de 2012

This Must Be the Place... but not the movie.

Anoche tuve la osadía de tragarme una película que había llamado poderosamente mi atención, pero que en el fondo no me daba muy buena espina. La verdad es que en cuanto vi que en Días de Cine la ponían por las nubes me temí lo peor. Y no me equivocaba. This Must Be the Place tiene un inicio sencillamente brutal. Los primeros minutos de la cinta son imprescindibles para cualquiera que ame el buen cine, eche de menos los ochenta o simplemente quiera echarse unas risas.
La primera sorpresa agradable llega cuando descubres que Cheyenne, el personaje que interpreta magistralmente Sean Penn, a pesar de ese look a lo Robert Smith recuerda mucho a Ozzy Osbourne. Y es que, aunque Frances McDormand caiga mucho mejor que Sharon, esa relación materno-filial que la estrella del rock mantiene con su mujer parece directamente inspirada en el best-seller I am Ozzy.
Y ésta es solo una de las notas positivas de la película. Los momentos delirantemente cómicos, los detalles surrealistas que salpican el conjunto, las actuaciones portentosas, la fotografía excelente, la velocidad con la que Sorrentino logra que nos encariñemos con el protagonista... Hacía mucho tiempo que no tenía la fortuna de disfrutar de cuarenta minutos de metraje tan deliciosos. Peero... ¿Por qué siempre hay un pero? Y en este caso un pero tan pero.
Ains... ¿Cómo decirlo suavemente? El resto de la película es la clase de producción que ponen por las nubes en Días de Cine. El resto de la película es un amago de road movie de carreteras secundarias norteamericanas. El resto de la película es un continuo abuso de la cámara lenta y una sarta de morralla mal enlazada que pretende sustentarse en un argumento que en su día Matt Groening ya planteó (y resolvió) de manera mucho más inteligente.
Mientras Cheyenne se queda en Irlanda, el país en el que nos lo presentan, los deslices son perdonables. Subtramas que no aportan demasiado, situaciones mal enlazadas, secundarios que salen de la nada y allí podrían haberse quedado... El problema es lo que viene después. Sorrentino ha creado un personaje de matrícula de honor, eso hay que reconocérselo, pero no ha sabido qué hacer con él. La idea peregrina de mandarlo a Estados Unidos para reencontrarse con un padre moribundo, y de paso con sus raíces y con su misión en la vida, está, en el mejor de los casos, algo manida. Para truño pretencioso sobre el hijo que se descubre a sí mismo indagando en su pasado familiar tras la muerte de su padre ya tenemos Elizabethtown. En versión "he renunciado a mis raíces hebreas y mi papi no me quiere" podemos mencionar el capítulo de los Simpson en el que Krusty se reencuentra con su padre. Eso sí que es arte.
Por otro lado se me ocurre que un tipo que pasados los cincuenta se mantiene fiel a su imagen gótica aún después de haberse retirado de las tablas no debería tener demasiadas dudas acerca de su identidad. Por cierto, y aún a riesgo de espoilear a los incautos que se pasen por el forro mi advertencia y decidan verla entera, no me resisto a tachar de lamentable ese final con un Cheyenne reconvertido en modelo maduro de Tommy Hilfiger. En realidad es lo de menos. De cualquier forma el personaje entero se viene abajo durante la absurda catarsis que vive frente a David Byrne. Por cierto, alguien debería comentarle a Sorrentino que los diez minutos de concierto que mete porque sí cortan el poco ritmo que llega a tener la película. De hecho la aparición de David Byrne marca el principio del progresivo declive que irá sufriendo en adelante.
En líneas generales creo que recomendar This Must Be the Place debería tener la consideración de crimen contra la humanidad. Pero negar que su arranque es una obra maestra de las que deberían sentar cátedra sería faltar a la verdad. Y como dijo el filósofo, in media virtus. Pagar ocho euros por cuarenta minutos igual no compensa en los tiempos que corren, pero si alguien la ve en casa, de corazón se lo digo, por mucho que les gusten los Talking Heads, mejor que apague la tele en cuanto salga David Byrne.

miércoles, 2 de mayo de 2012

La imagen del arte: El Coloso

Ha recibido varios títulos, La Tormenta. El Gigante, El Pánico, pero casi todos lo conocemos por el más celebre: El Coloso. En los últimos años la polémica ha acompañado a este lienzo. Unos lo han atribuido a Asensio Juliá, discípulo de Francisco de Goya, algunos a su hijo Javier, otros prefieren no aventurar un nombre, pero apuntan a algún otro alumno del genio aragonés.  No faltan los que siguen pensando que tiene que ser obra del propio Goya alegando que algo tan magnífico no puede ser fruto de la casualidad y que necesariamente tuvo que nacer de la mano de un genio...
Una pintura cargada de misterio en todos los sentidos, y una excusa para reflexionar acerca del valor de la autoría.

lunes, 13 de febrero de 2012

Princesas muertas


La otra orilla, de Thomas Czarnecki.
No se trata de ninguna exposición. La particular obra de Thomas Czarnecki se ha hecho un hueco pixel a pixel, blog a blog, al más puro estilo viral. O eso dicen. Sea como sea, lo cierto es que las fotografías que integran  'From Enchantment to Down' no pasan desapercibidas. En realidad no aportan nada demasiado novedoso. Últimamente siempre que el arte revisita los cuentos clásicos infantiles es para caer en los mismos lugares comunes: truculencia, sexualización, perturbación... Nada que no contuvieran ya, más o menos explícitamente, las primeras versiones de estas encantadoras historias para niños. Aún así las fotografías de este artista francés merecen que se les eche un vistazo, aunque sólo sea porque tienen algo que recuerda a Tim Burton y a David Lynch al mismo tiempo.
 
Solo una trampa, de Thomas Czarnecki

Final feliz, de Thomas Czarnecki
 

domingo, 12 de febrero de 2012

Un blog atractivamente macabro y muy recomendable

Hace unas semanas descubrí por casualidad un blog sobre cultura gótica que me llamó la atención. No es nada pretencioso, pero su lectura se hace muy amena, supongo que en buena medida porque las entradas están ilustradas con muchas imágenes y no se hacen nada pesadas. Es muy interesante y puede gustar a cualquiera (no hace falta ser gótico para disfrutarlo). Madame Macabre tiene muy buen gusto con la música (Dio, The Cure, Iron Maiden, etc), con la ropa, con la literatura, con el cine... Y es constante a la hora de escribir (a ver si aprendo de ella). Un blog para tener en cuenta. Aquí os dejo el enlace.
http://madamemacabre.blogspot.com/

La imagen del arte: La Isla de los Muertos, de Arnold Böcklin

En realidad esta es solo una de las múltiples versiones del mismo cuadro que Arnold Böcklin creó. Elrtista nunca llegó a explicar el significado de sus pinturas, y el título con el que conocemos la obra no se debe a él, sino a un tratante de arte que en 1883 lo consideró adecuado. No parece del todo inapropiado, ya que representa un remero y una figura blanca sobre una pequeña barca, cruzando una amplia extensión de agua en dirección a una misteriosa isla rocosa. El bulto que acompaña a las figuras en la barca se identifica generalmente como un ataúd, y una de las figuras con Caronte, el barquero que en la mitología griega conducía a las almas al Hades.

sábado, 26 de noviembre de 2011

La imagen del arte: Graves of Ancient Heroes, de Caspar David Friedrich

Últimamente tengo el blog abandonadísimo, pero he decidido obligarme a colgar algo aunque sólo sea una vez a la semana. De salida voy a seleccionar uno de mis cuadros favoritos para convertirlo en cuadro del mes. Aviso a navegantes, es más que probable que Friedrich se convierta en un habitual de esta sección.
Para ir abriendo boca, este Tumbas de los Antiguos Héroes.


Tal vez no sea tan conocido como otras obras suyas (El Monje frente al Mar, o El Caminante sobre el Mar de Nubes), pero por una vez podemos olvidarnos de los sospechosos habituales y deleitarnos con este homenaje a esos héroes del pasado.

lunes, 1 de agosto de 2011

Gijón lo tiene negro

Ni tengo hipoteca ni pienso irme a acampar a la Puerta del Sol, pero hoy me siento indignada. ¿El motivo? Pues que, como reza el título de esta entrada, la Semana Negra de Gijón lo tiene negro.
En condiciones normales me parecería lamentable que un evento cultural de este calado estuviera a un paso de irse al garete por culpa de la calaña política que nos torea legislatura tras legislatura cambiando (o no) de color cual perrillo sarnoso al que se le cambia el collar con la insana intención de hacerlo pasar por otro más lozano. Pero las condiciones no son normales. No. Ni mucho menos. Porque lo que se avecina para el 2012 en Asturias es algo muy gordo (con todos mis respetos).
Ya todos los fans de Canción de Hielo y Fuego, que somos muchos, somos multitud, somos legión, y cada día somos más, nos estábamos relamiendo soñando con la visita del tito George para la próxima Semana Negra. Pero ahora resulta que esta caterva de chupópteros que sólo se ponen de acuerdo a la hora de subirse los sueldos ha decidido que ya no interesa continuar con la Semana Negra. No sé si la culpa es de unos o de otros. No le tengo afecto ni a los peperos ni a los sociatas. Unos de dan grimilla y los otros repelús, pero al parecer lo que ha pasado aquí es que la Semana Negra es un evento que tradicionalmente ha sido organizado por gentes de tendencia socialistoide. Ahora resulta que hay un cambio de gobierno y los que han entrado y se han hecho con el control de las arcas públicas no están por la labor de soltar una perra gorda para que los rojillos de turno monten otro año más el sarao este al que sólo concurren comunistas y judeomasones. Fred Vargas debe englosar las filas de los primeros, Gisbert Haefs las de los segundos, y George R. R. Martin, que todo lo abarca, las dos, porque él lo vale.
A mí, que paso de los cuentos que me quieren vender los políticos porque ya pago gustosamente por los de Steven Millhauser, me da igual quién se siente en el sillón de la Alcaldía de Gijón, pero estoy que no vivo por averiguar quién acabará haciendo suyo el Trono de Hierro de los Siete Reinos.
Puede parecer una postura propia de friki, que no digo ni que no lo sea ni que no me sienta orgullosa de ello, pero si hace falta razonarlo desde un punto de vista que pueda seducir también a los infieles que todavía no se hayan convertido, estoy dispuesta. Por mucho que desde los mass media de que a nadie le interesa otra cosa distinta de la final de Supervivientes, lo cierto es que en este país queda bastante más vida inteligente de lo que pudiera parecer. Pondré un ejemplo.
Hace algo menos de un año estuve en Valencia. Iba a pasar el fin de semana, y cuando llegué al hotel me encontré con una familia que no tenía reserva y preguntaba si quedaba alguna habitación libre. Afortunadamente para mí yo sí tenía reserva. Ellos debieron pasar la noche en Castellón, porque según les informó el recepcionista aquel fin de semana todo estaba lleno en la ciudad de Valencia y sus alrededores. ¿Qué pasaba ese fin de semana en Valencia? ¿Berreaba Paulina Rubio en algún polideportivo? ¿O es que iba a firmar libros Lucía Echevarría? Pues no. Aquel fin de semana tocaban Iron Maiden en Valencia. ¿Y eso qué suponía para la ciudad? A mí me dio la sensación de que entre otras cosas mucha pasta. Porque en los hoteles no entraba un alma, los heavys comen porque no se alimentan de los riffs (por mucho que les pese) y se dejan los cuartos en los restaurantes, beben muucha cerveza que pagan religiosamente y el día después del concierto se van a la Ciudad de las Artes y las Ciencias porque son gente culta y educada (y con un C.I. muy alto según los últimos estudios).
Pues lo de la Semana Negra es lo mismo, señores. Los lectores de novelas de terror, policíaca, fantástica, etc, también tenemos tarjeta de crédito, y me ha dicho un pajarito que este año las ventas han subido un 14% en Gijón. Menos mal que sube algo, además del IVA, claro.
En fin, que paseo un mosqueo de mucho cuidado. Que ya tengo A Dance with Dragons dispuestito a ser firmado por el tito George, y como por culpa de esta panda de golfos me quede sin ver a George me da algo.
¡George, campeón! Tú ni caso. Vente pa´Spain que tú sabeis que aquí se jala mucho de good, fabes with almejas and chorizo picante. And sidriña very rica.

viernes, 27 de mayo de 2011

Ya está la portada de El Camino de los Mitos IV

Como una niña con zapatos nuevos... Aunque nunca entendí ese dicho. Yo odiaba estrenar zapatos cuando era pequeña. Siempre me hacían daño. Pero vamos, que estoy que no quepo en mí de gozo. ¿La razón? El próximo martes se presenta en Madrid El Camino de los Mitos IV, el libro en el que se incluye mi relato El huésped de Anníceris.
Como cada año, la editorial Evohé se ha superado, y la portada realmente me ha encantado. Creo que tiene más que ver con el relato que quedó en segundo lugar que con el mío, que sólo quedó tercero, pero de todas maneras tengo que reconocer que es la que más me ha gustado hasta el momento. Supongo que hay que reconocerle el mérito a Sandra Delgado, la ilustradora, que es una artista como la copa de un pino y lo demuestra en cada uno de sus trabajos.
Para los que no conozcan El Camino de los Mitos, es una colección de relatos de tema mitológico. Diez relatos que van acompañados de diez ilustraciones exquisitas y tres poemas de temática también mitológica. No veo la hora de tener en mis manos este nuevo volumen, que estoy segura de que no decepcionará a nadie. Hay de todo, historias de aventuras, historias de amor, historias con un carga importante de crítica social, etc. Pero ante todo historias que merece la pena leer.
Además cuenta con un atractivo más. El precio del libro físico es de 16´40 euros, lo normal por un libro de estas características, pero en formato digital sólo cuesta 2´40, vamos un regalo en toda regla. En el formato tradicional puede adquirirse en las librerías, si no lo tienen basta con pedirlo y llega en un par de días, o se puede pedir a través de la página de la editorial http://www.edicionesevohe.com/. Y si se prefiere el formato digital, que sale mucho más barato aunque no queda tan chulo en la estantería, en la misma página web en la sección de descargables que queda a la derecha.
No os lo perdáis. Os gustará.

viernes, 20 de mayo de 2011

Presentación de El Camino de los Mitos IV y III antología de El Desván de las Palabras

Parece que éste va a ser un mes cargado de buenas noticias.
Ayer recibí un correo en el que se me informaba de que ya hay fecha oficial para la presentación de El Camino de los Mitos IV. Será el 31 de mayo en El Caldito, un bareto guapísimo de Madrid.
El Camino de los Mitos IV es el libro en el que se recogen los diez relatos ganadores del cuarto concurso internacional que convoca la editorial Evohé. He tenido la suerte de poder leer todos los relatos que incluye y debo decir que es una selección que realmente merece la pena. En ella hay autores profesionales (como Daniel Tubau y Sebastián Lalaurette) y otros aficionados (yo, por ejemplo, que quedé la tercera). Todos los relatos tienen en común que, de una manera u otra, revisan mitos clásicos para darles un enfoque muy particular.
Pero éste no es único atractivo de la presentación. No sólo se presentará El Camino de los Mitos IV, sino también la tercera antología de El Desván de las Palabras. En estas antologías nunca he participado, me temo que son demasiado líricas para mi estilo, pero me consta que son altamente recomendables.
Y por si todo ello no fuera suficiente, además está la cerveza. Porque en Evohé son originales hasta para hacer presentaciones de libros, y en las suyas la cerveza no puede faltar. Y corre por cuenta de la organización.
Así que ya sabéis, si queréis asistir a una presentación amena de un par de libros muy interesantes y de paso tomaros unas cañas, el próximo 31 de mayo en El Caldito habrá una cita obligada.

miércoles, 11 de mayo de 2011

He ganado un concurso literario


Bueno, hoy no ha sido un mal día en absoluto. Ya lo creo que no. Para empezar me ha sorprendido a primera hora de la mañana el señor de UPS con un pedazo de paquete... Eso ha sonado fatal... El paquete en cuestión contenía mi ansiada guitarra Les Paul, recién llegada de Francia, impecable y aún más guapa que en las fotos. De momento casi no la he tocado. Como me estaba quedando sin uñas por la espera (no ha tardado más de cinco días, pero se me han hecho interminables) me ha dado por ponerme con el bajo, y ahora estoy dale que te pego con It Snows in Hell de Lordi, que para empezar no es muy difícil. Al principio me puse con los Ramones y los AC/DC, pero me he enganchado más con los finlandeses. Al final va a tener razón mi churri. La mano que toca los graves es la mano que dominará el grupo. Que se lo digan a Steve Harris.
Los reyes magos en mayo, porque yo lo valgo.
Después he salido a la calle y me he encontrado en el buzón otro paquete. Éste venía de la Pérfida Albión. La edición con doble CD de Tattoed Millionaire de Bruce Dickinson. Ya tengo todos sus discos de estudio en edición doble (salvo The Chemical Wedding, que la expanded edition es sencilla, y Skunkworks, que no me gusta mucho, pero me lo acabaré pillando para tener la colección completa y que nadie me pueda decir que no soy una buena fan locaza).
Pero la mejor noticia estaba por llegar. A eso de las seis y media de la tarde se ha publicado el fallo del V Concurso de Relato y Poesía Mitológico de LaRevelación. Como ya había comentado, un relato mío estaba entre los finalistas, y resulta que ha ganado. No sé si justa o injustamente, pero así ha sido.
Estoy como una cría con zapatos nuevos. Una maravilla de día. Podían ser todos así, la verdad. 
Del relato, que se titula Cinco Actos para Mirra, ya hablé en otro post, así que no voy a repetirme. Como dijo una vez Pérez Reverte, "una novela es como una mujer a la que se ha amado mucho, pero por la que ya no se siente nada más que indiferencia cuando el asunto termina". Supongo que vale igual para los relatos. Los hombres y los escritores son así de desagradecidos. Las mujeres somos aún peores, según dicen.
Todavía no sé cuándo se publicará el volumen que contendrá todos los relatos ganadores. Aprovecho para mandar mi enhorabuena a todos los demás. Habrá relatos maravillosos en ese libro. Y a los que me han votado, mil gracias una vez más. Sobre todo por leerme.

sábado, 7 de mayo de 2011

Lemmy: 49 % Motherfucker 51% Son of a Bitch

Hacía tiempo que no veía una película documental sobre rock tan buena como ésta, aunque con Lemmy como protagonista era difícil que no saliera algo de calidad. La cosa es que no soy muy de documentales. Un Behind the Music del VH1 es una cosa, pero cuando se juntan las ínfulas de artistazo del director de cine de turno con metaleros forrados de pasta y pasados de vuelta, puede acabar saliendo "alguna clase de monstruo"... O algo por el estilo. Lo que me gusta del rock es el rock, no los dramas existenciales del yonki de turno lamentándose delante de la cámara de lo duro que es ser rico y famoso. Odio a los mártires del rock, sobre todo a los que están vivos.
Pero apostar por Lemmy es jugar sobre seguro. De salida porque lo de este tío no se finge. Es un icono del rock, pero es mucho más que eso, es auténtico de narices. Y un músico excepcional. No todo el mundo puede presumir de gustar por igual a heavys, punkis y rockeros. Toca con Metallica y no desentona, toca con The Head Cat y lo peta, toca con Motorhead y es Dios. Aunque nadie en su sano juicio se trevería a poner en duda que Lemmy siempre es Dios.
No tengo muy claro ni que se haya llegado a estrenar esta película en España, aunque se incluyó en el Festival Internacional de Cine Documental Musical de Barcelona. Tengo entendido que en los países civilizados se proyectó en cines hace tiempo, y ya puede adquirirse en DVD y Blue-Ray con un montón de extras. Aquí no sé si se puede comprar en algún sitio, pero internet es maravilloso y en Play.com, por ejemplo, el DVD sólo cuesta 7,49 euros. En el top mula es gratis, pero no lo voy a decir muy alto no siendo que los de la SGAE se enfaden... Aunque me da que por el bueno de Lemmy no van a molestarse demasiado. 
Definitivamente, después de ver este DVD, no parece la clase de músico acomodado en una mansión de Los Angeles que se conforma con vivir de las rentas de lo que una vez fue mientras arrastra su dignidad por el lodo a cambio de un tren de vida más propio de Berlusconi que de un rockero. Lemmy no tiene yate privado y no juega al golf para relajarse entre concierto y concierto.
En absoluto. Lemmy vive en un apartamento que le cuesta 900 $ al mes, y dice que no piensa mudarse porque no cree que vaya a encontrar algo mejor por ese precio. Sus ratos libres los pasa bebiendo whisky en el Rainbow, matando marcianos (lo mismo le da un videojuego de última generación que la culebrita del móvil) y componiendo esas canciones que nos hacen vibrar a todos sus fans.
Si lo que cuentan de Lemmy en este documental lo hubieran contado de cualquier otro, no le habría concedido ni la más mínima credibilidad. Pero de Lemmy hay que creerselo, porque estamos ante uno de los tipos más honesto del metal. Probablemente el más honesto. Nos han hecho sentir látima por Ozzy en espectáculos lamentables como The Osbournes. Nos han hecho sentir vergüenza ajena con James Hetfield en demostraciones ridículas de pornografía emocional como Some Kind of Monster. Ya iba haciendo falta algo así para mantener vivo el encantamiento.
Por cierto, que otro de los encantos de esta cinta, como si no fuera bastante con ver a Lemmy en su salsa, es la cantidad de "rock stars" que salen hablando maravillas de él. Slash, Dee Snider, Dave Grohl y Nikki Six entre otros se confiesan absolutos devotos de Motorhead. Ninguno hace declaraciones tan divertidas e interesantes como las de Dave Grohl. Impagable la anécdota con Justin Hawkins.
En definitiva, un documental imprescindible para los amantes de Motorhead en particular y del rock en general. Casi dos horitas de Lemmy Kilmister en estado puro. Impagable.

viernes, 6 de mayo de 2011

¿Qué fue de las entradas a color?

No lo entiendo. Por más vueltas que le doy no consigo comprenderlo.
Vayamos por partes. Hace ya varias semanas que me hice con las entradas para el concierto de Judas Priest. Con Downing o sin él habrá que ir a verlos. Total, dicen que se despiden ya de los escenarios, aunque no acabo de verlo claro... El caso es que la entrada para el concierto de Judas + Motorhead + Saxon, comprada en mano en una tienda de discos, me costó 60,20 euracos, de los cuales 7,20 son de gastos de distribución. Lo que no entiendo es cómo leches puede costar más de siete euros (mil y pico pelas de las de antes) distribuir un cacho de papel con cuatro tintazos fosforito. Y no lo entiendo porque me consta que ningún señor de la promotora tuvo que acercarse a la tienda en cuestión para llevar el taco de entradas, ni tendrá que ir más tarde a recoger la recaudación y las entradas sobrantes. Me consta porque pagué 60 machacantes por mi entrada, pero es más fea que pegarle a un padre con un calcetín sudado. Y es fea porque es la típica entrada en blanco y negro que te imprimen en el momento cuando vas a buscarla. 
Hace ya mucho tiempo que tengo asumido que las entradas ya no son lo que eran, así que me resigno y punto. Total, las entradas son para entrar, ¿no? Y si alguien encuentra placentero guardarlas con cariño como recuerdo del evento, que se fastidie. Yo llevo tiempo haciéndolo.
El tema es que el mismo día que compré mis entradaditas para ver a Judas aproveché y me hice también con las de Crashdïet. Y me llevé una grata sorpresa. Aquéllas sí que eran entradas de las de verdad, entradas de taco a todo color con buena calidad de impresión. Y lo mejor es que a nadie se le había ocurrido hinchar el precio con gastos de distribución desorbitados.
Ésta es la clase de cosa que me hacen pensar. Y cuando pienso tiendo a enfadarme. Una empresa me cobra 7 euros y pico por distribuir unas entradas que valen poco más de 50. Me los cobra porque las distribuye, claro está. Pero digo yo, ¿dónde queda la distribución? Porque entendería que me cobrarán por enviarme las entradas a casa, o si las hubiera comprado en el supermercado (donde hace unos años me habrían tomado por loca si hubiera intentado añadir a la cesta de la compra, con la lechuga y el fregasuelos, entradas para el Sonisphere). Pero es que me he cogido el metro y me he plantado en la tienda de discos para comprar mis entradas, tal y como se hacía hace veinte años. ¿Por qué tengo entonces que pagarle 7 euros y pico a una empresa que todavía no tengo muy claro qué función realiza? ¿Es que va a salir el dueño de Ticketmaster a dar palmas en el escenario mientras Halford se marque el Painkiller?
Me he centrado en el caso del concierto de Judas porque me ha parecido exageradamente sangrante, pero no es el único. Las entradas para el Sonisphere de Getafe también me han costado un pico más gracias a Ticketmaster. Y conste que no me quejo en absoluto del precio del Festival, que para los grupazos que trae me parece muy ajustado, sobre todo teniendo en cuenta que cuando cerrraron el cartel aún se podía comprar el bono para los dos días por 75 euros (la entrada para Maiden en Berlín me ha costado más o menos eso mismo, y prefiero no pensar en los teloneros que van a llevar a Alemania, que me entra dolor de barriga).
De todas formas he echado un ojo a toro pasado y me he dado cuenta de que, al menos en el caso del Sonisphere hay alternativas que cobran un porcentaje más pequeño por los gastos de distribución. Es sólo cuestión de no quedarse con la primera opción, la que aparece más visible, la que todos conocemos.
Todo el mundo habla de la comodidad de comprar entradas desde tu casa, pero yo no veo ninguna ventaja. Si las compro desde casa igualmente tengo que ir a buscarlas a un punto de venta, y si quiero que me las manden a casa tengo que pagar un plus considerable. Y eso si hablamos de conciertos de andar por casa, porque todavía recuerdo la odisea que supuso conseguir entradas para ver a AC/DC en la gira del Black Ice. Yo estaba la tercera en la cola cuando la tienda abrió. Sólo la primera pudo hacerse con un par de las ansiadas entradas, porque a los dos minutos de abrirse la venta la red se colapsó y se nos quedó cara de bobos a todos. Menos mal que los Young se estiraron con cinco conciertazos y pude hacerme con entradas para el del Calderón.
Creo que era más justo cuando el que conseguía las entradas era el fan incondicional que se había ido a hacer cola la noche antes, no como ahora, que se acabó lo de tirarnos doce horas a la intemperie esperando a que abran la taquilla, pero estamos expuestos a las malas jugadas de los duendecillos informáticos.
Aquellos eran otros tiempos. Y yo debo ser una romántica impenitente, pero cuando he visto mis entraditas de Crashdïet a color, tan bonitas ellas, tan cucas, he recordado esos otros tiempos y me he emocionado.

jueves, 5 de mayo de 2011

Preciosa, preciosa, preciosa...

Me voy a hacer un regalo. Soy consciente de que este nuevo juguetito tiene muchas papeletas de quedarse arrinconado cogiendo polvo al lado de los libros del curso de catalán, al lado de la guitarra española, del kimono y las zapatillas de taewkondo... Pero soy humana, y van ya demasiadas horas enganchada al Guitar Hero como para no hacerme la pregunta que todos hemos acabado haciéndonos después de tirarnos tres horas seguidas tratando de sacar cinco estrellas en Free Bird: ¿Y si todo este tiempo que estoy desperdiciando haciendo el ganso delante de la tele se lo dedicara a algo más productivo como aprender a tocar un intrumento de verdad?
 Al final he tenido que rendirme a mis impulsos y voy a comprarme una guitarra eléctrica. Seguro que lo dejo por imposible antes de tocar entera una de los Ramones, pero de ilusión también se vive, y yo tengo esa espinita clavada desde hace años.
Me habría salido más barato cogerle el bajo a mi novio, pero, por mucho que él se empeñe en sacar a relucir los sacrosantos nombres de Lemmy Kilmister, Steve Harris y Nikki Six, a mí no me acaba de resultar atractivo el tema de las cuatro cuerdas. Igual en el futuro. Ya se verá.
La cosa es que no tenía muy claro por qué modelo decidirme. Evidentemente mi grado de enajenación no es tal como para lanzarme directamente a comprar una guitarra muy cara. He tenido que optar por una de gama baja, una segunda marca. Y para alguien que siempre ha babeado delante de las Gibson, estaba claro que Epiphone era una buena elección. Al final me he quedado con una Les Paul Special II en color Vintage Sunburst, y me voy a arriesgar a comprarla por internet en una tienda parisina. El año pasado por estas fechas estaba haciendo las maletas para irme a currar un mesecito en Francia. Fue una experiencia un tanto decepcionante. Éste mejor que me traigan algo franchute a casa, porque no pienso moverme de España más que para ir unos días a Berlín en junio, visitar la Isla de los Museos, tomarme una birras en el Haldford Rock Cafe y disfrutar del concierto de Maiden en el O2.
A lo que iba. Siempre pensé que, de llegar a comprarme una guitarra, optaría por una tipo SG. Después de todo mi grupo favorito siempre ha sido AC/DC, pero las versiones de Epiphone de las SG no me convencen tanto como las Les Paul. Además, los gustos evolucionan. Y hay que reconocer que las Les Paul de Epiphone tienen buena fama como guitarra para principiantes.
De momento tengo buenas intenciones. Esperemos que no se quede la cosa en eso. De todas formas, por si acabo mandando la guitarra a la porra, ya tengo en mente otros proyectos que también podría emprender con muchísimas ganas para abandonarlos a los cuatro días, por ejemplo estudiar la carrera de Historia, aprender a montar a caballo o apuntarme a clases de esgrima. Por ejemplo.

miércoles, 27 de abril de 2011

Tim Burton en el museo Lacma de Los Ángeles

En breve se inaugurará una exposición con obras de Tim Burton en el museo Lacma de Los Ángeles. Echándole un vistazo a la mayoría de los dibujos y cuadros de Burton no me queda ni la menor duda de que es una verdadera lástima que algo así tenga pocas posibilidades de poder disfrutarse en nuestro país, aunque está previsto que en 2012 pueda visitarse en París.
No puede negarse que en lo que a sus películas se refiere, este genial cineasta no levanta cabeza desde hace unos cuantos años. La última que ha estado realmente a la altura de sus primeros trabajos, La novia cadáver, no es precisamente de ayer por la tarde. Y después de sufrir el visionado de la insulsa Alicia en el País de las Maravillas, una no puede por menos de preguntarse si el director de semenjante despropósito es realmente el mismo que rodó en su día las dos primeras versiones de Batman pasándose por el forro de los calzones las presiones de la Warner para edulcorar un poquito el producto final, y así poder rentabilizar mejor las ganancias del "merchandasing" (¿quién iba a pagar por Happy Meal con un Batman de regalo que daba casi tanto yuyu como el mismísimo Joker?).
Eran otros tiempos, está claro.
Pero no podemos negarle al bueno de Tim el mérito de haber creado escuela. Mathias Malzieu, autor de  los superventas La mecánica del corazón y La alargada sombra del amor, no puede negar que bebe directamente de las melancólicas fuentes burtonianas, y no son pocos los cineastas que muestran abiertamente su debilidad por el creador de Eduardo Manostijeras. No hace mucho tuve la extraña sensación de estar viendo una de las mejores películas de Tim Burton de los últimos tiempos sin que ni siquiera fuera de Tim Burton. Se trataba de Penélope, de Mark Palansky, una deliciosa fábula con tintes agridulces y un humor negro que no deja duda de cuáles son sus influencias. No es una película exactamente redonda, pero la recomendaría a cualquiera que haya disfrutado con las películas más "soft goth" de Burton, Big Fish y Eduardo Manostijeras (aunque a mí me gusta más cuando se pone gamberro, en Mars Attack y Beetlejuice, por ejemplo). Como sucedáneo y hasta que a Burton le vuelva la inspiración no está nada mal, la verdad.
Otro ejemplo de producto que atufa a burtoniano sin serlo es una mis series favoritas, la injustamente finiquitada Criando Malvas, de Bryan Fuller. Un puro derroche de ingenio que nunca llegó a cosechar los éxitos de audiencia necesarios para prolongar sus desternillantes capítulos más allá de la segunda temporada. Se rumoreaba que pensaban recuperarla en forma de tebeo, pero me temo que el proyecto quedó en el limbo de las buenas ideas. Así es el mundo en el que vivimos. Los guiones desternillantes y la originalidad no venden, pero Física o Química va por la séptima temporada.
Pero volviendo al tema que nos ocupaba, Tim Burton, sólo me queda rezar para que haya recuperado el sentido del buen gusto para Dark Shadows, adaptación para el cine de la mítica serie de los años sesenta. Al menos después del batacazo de Alicia en el País de las Maravillas nos queda el consuelo de que será muy difícil que pueda hacerlo peor.

"Huesos de Santo" para un Día de Difuntos

Y esto va de coger carrerilla.
Resulta que con Cinco actos para Mirra la cogí y saqué ánimo para presentarme a otro concurso más. En realidad es más una especie de "call for papers". Se trata de Calabazas en el Trastero. Sabía de la existencia de esta revista desde hace tiempo, pero nunca se me había ocurrido enviar nada. El tema para la convocatoria abierta es "Día de Difuntos". Demasiado sugerente como para resistirse.
Lo que me llevó a decidirme fue comprobar que entre los seleccionados para otros números se encontraban autores que también habían sido seleccionados para El Camino de los Mitos. Eso ya es una garantía de calidad, así que me dije a mí misma que debía probar suerte.
No puedo decir que el relato que he presentado a esta revista esté tan trabajado como sus hermanos mayores. De salida es bastante más corto, pero le he echado las tripas a la hora de escribirlo. Quiero decir que es realmente visceral, y me he sentido mucho más libre con éste que con los otros. Eso, claro, exige también un mayor esfuerzo imaginativo. No es lo mismo tomar un mito ya existente y elaborar algo a partir de esa base que inventar algo absolutamente nuevo. Aunque en realidad nunca haya nada nuevo bajo el sol y todas las historias ya estén contadas.
Lo he titulado Huesos de Santo. Quería hacer algo muy de aquí, muy mío, algo muy castellano. Pero al mismo tiempo quería presentar ese algo tan cercano y tan familiar tal y como yo lo sigo viendo. Para mí generación, Halloween no tiene nada de exótico. La mayoría de nosotros hemos festejado la noche de brujas disfrazados de vampiros o de diablesas sin planteárnoslo como un triunfo de la globalización. Sin embargo me siento una extranjera cuando observo a mis mayores rindiendo culto a sus muertos (que también son los míos) tal y como lo hicieron sus abuelos.
Hace años que no como buñuelos o huesos de santo el día de difuntos. Como gominolas con forma de araña que algún camarero ha dejado en la barra metidas en una calabaza de plástico, me pinto cicatrices en la cara  y pongo una peli de Tim Burton. Eso es para mí el 1 de noviembre... O la noche del 31 de octubre.
En un momento dado todos necesitamos reconciliarnos con nuestras raíces, pero está visto que a mí todavía no me ha llegado ese momento, porque lo que he hecho no sé si tiene algo que ver con reconciliaciones. Demasiada sangre, me temo. Yo diría más bien que me he aprovechado egoístamente de un poso cultural que permanece en el fondo de mis pesadillas. Huesos de Santo narra una historia bastante truculenta... Aunque tambien muy sensual, eso no voy a negarlo. Al menos es lo que he pretendido.
Tengo entendido que se presentan ciento y pico relatos de media para cada convocatoria de Calabazas en el Trastero, así que no cuento con ganar. Al menos me lo he pasado bien escribiendo Huesos de Santo y he conocido este proyecto tan interesante. Y he revisado algunos de mis fantasmas favoritos para quitarles el polvo y sacarlos a dar una vuelta por estas páginas cibernéticas.

martes, 26 de abril de 2011

Finalista en el V Concurso Internacional de LaRevelación (¡Guay!)

Como ya he dicho en alguna ocasión, escribo poco, muy poco. Soy tremendamente perezosa y vergonzosamente inconstante. Todo lo dejo a medias y rara vez acabo algo. Negarlo no serviría de nada. Pero de un tiempo a esta parte me ha dado por terminar al menos un relato de unas veinte páginas cada año. Lo hago para presentarme a un concurso que convoca anualmente la editorial Evohé. Supone todo un reto para mí, y debo decir que de momento no he salido mal parada.
Éste es un concurso un tanto particular. Sólo aceptan relatos y poemas de temática mitológica, preferentemente griega o romana. Para mí ideal, porque desde que era una enana me ha encantado todo lo que tenga que ver con mitología, así que nunca me ha faltado un relato con el que batirme en duelo por los laureles del ganador. Desgraciadamente siempre se ha presentado gente mucho más válida y sólo he conseguido quedar la tercera en las dos ocasiones en que me he presentado. Lo cual, bien mirado, tampoco está nada mal. Sobre todo teniendo en cuenta que son las únicas ocasiones en que he participado en un concurso literario (de pequeña gané uno de dibujo para una campaña para la vacunación de perros contra la hidatidosis, pero eso era distinto).
El primer año, 2009, escribí un texto en primera persona en el que trataba de dar voz a la diosa Perséfone. Quería darle un enfoque diferente al mito de su rapto, y lo hice enfrentándola directamente con su madre, presentando la imagen de una Perséfone mucho más madura e independiente, tambien más ambiciosa, que acaba aceptando su nueva condición de señora del inframundo y aprovechándose de ella para escapar de una madre demasiado posesiva y tomar las riendas de su vida. En su momento me pareció la mar de original, Ahora, después de leer Juego de Tronos, me hace gracia lo mucho que se parece mi Perséfone a la Daenarys de George R. R. Martin.
Este relato fue publicado en 2010 en el volumen El Camino de los Mitos III junto a otros nueve más y tres poemas que también fueron seleccionados por el jurado. Y lo mejor son las ilustraciones de Sandra Delgado. Es increíble cómo esta muchacha le pone cara a los personaje de los que otros nos servimos para contar historias.
Ese mismo año escribí El huesped de Anníceris. Creo que de los cuatro relatos que he escrito hasta ahora es el que más aprecio. Cuenta la historia de un esclavo lidio que sirve a las órdenes de un importante terrateniente en Atenas, y que por diversas circunstancias acaba embarcándose con el hijo adoptivo de su señor en busca de un hombre misterioso que puede ayudarles a encontrar la Atlántida. Es mi favorito porque ha nacido directamente de mis obsesiones adolescentes, y de alguna manera extraña me reconcilié con esa época de mi vida escribiéndolo. Para escribirlo tuve muy presentes los mitos de la literatura castellana del siglo de Oro (La Celestina, El Lazarillo, El Quijote...), también las clases de Filosofía de secundaria (más que las de la Universidad, curiosamente), y, aunque esto es algo muy personal y muy íntimo, reconozco que tiene también algo de otros mitos más contemporáneos y sorprendentes (tengo que reconocer que mientras lo escribía escuché insistentemente Navigates the Seas of the Sun, aunque esa canción no tiene mucho que ver con el tema del relato, ya que en él el único mar por el que sus protagonistas navegan es el Egeo).
Con éste volví a quedar tercera, lo cual fue todo un logro porque el nivel fue altísimo. Estoy deseando que se publique El Camino de los Mitos IV, en el que se incluirá. Tengo entendido que está previsto que salga a la venta en mayo. Ya informaré convenientemente.
Y así llegamos a este 2011, en el que he concursado con el tercer relato. Dicen que a la tercera va la vencida. Tampoco sé si me gustaría ganar. El primer premio es un contrato para publicar un libro entero, y no creo que yo fuera capaz de hacer algo así. Pienso que algunos de los que participan este año están mucho más dotados para ello que yo. Al menos se lo toman más en serio.
Pero ése no es el tema. El tema es que hoy se han resuelto las votaciones populares, las que preceden al fallo final y definitivo del jurado, y mi penúltimo relato ha quedado el segundo.
Vaya por delante que el primero, titulado Nowhere Fast, es sencillamente impresionante. Y otros que han quedado justo detrás del mío también son muy muy buenos y entretenidos (El Circo de las Gorgonas, Últimos Días, Oboli, Alargando el Hilo, Detrás de un Mundo Agotado...). Alguno me dejo, fijo, pero de verdad creo que merecen estar en un buen lugar.
Pero este es mi blog y yo he venido a hablar de mi relato. Se titula Cinco actos para Mirra y es lo más arriesgado que he escrito nunca. De hecho creo que si no hubiera visto Remando al Viento unas doce veces no me habría atrevido a escribirlo.
El asunto es que este año en clase de Literatura Italiana leímos Mirra de Alfieri. A priori no es un texto trepidante, pero me llamó la atención y empecé a indagar un poco en el mito en el que se inspira y en la vida del propio Alfieri, que es de lejos bastante más interesante que la mayoría de sus obras. Leí y leí y acabé formándome más o menos una idea de lo que quería hacer, pero no acababa de dar con la manera exacta, y cuando lo hice me pareció demasiado osado. Mezclar lo histórico con la ficción de una manera tan indecorosa es algo que está muy de moda en la literatura, pero a mí me sigue dando repelús.
Al final me quité las vergüenzas recordando una de mis películas favoritas. Si Gonzalo Suárez lo había hecho, yo no iba a ser menos. Además, Alfieri no fue Byron, pero poco le faltó.
Cinco actos para Mirra se desarrolla en la ciudad de Roma varios años después de la muerte de Alfieri. Parto de unos hechos históricos que efectivamente tuvieron lugar y me sirvo de unos personajes que realmente existieron para contar algo que en verdad nunca sucedió. Esos personajes son la condesa de Albany, amante de Alfieri, y François Xavier Fabre, amigo íntimo del dramaturgo. El resto de personajes, salvo por un par de menciones al marido de la condesa, son pura ficción.
El relato está dividido en cinco partes, como los cinco actos de Mirra, y tienen lugar en un solo escenario, el Palacio Monaldeschi, más conocido por ser la Embajada de España en Roma. Por supuesto tampoco transcurren más de veinticuatro horas entre el principio y el final. Es un relato y como tal se debe al género narrativo, pero no deja de ser un puro homenaje al teatro.
Se supone que todo comienza cuando la condesa y Fabre llegan a la Embajada para asistir a la representación de Mirra en el teatro privado del palacio. En realidad Mirra nunca llegó a representarse allí. Pero Antígona sí que se estrenó en el teatro, que sí existió, y a ese respecto me documenté concienzudamente para no meter la pata. De hecho reconozco que incluso consulté planos del palacio tal y como estaba a finales del XVIII y principios del XIX para que las descripciones fueran más verosímiles. Trabajo lleva. Eso sí que no me lo puede negar nadie. Talento... Eso ya es harina de otro costal.
Se supone que el 11 de mayo se hará público el fallo definitivo. Espero que mi texto esté entre los diez elegidos para formar parte de El Camino de los Mitos V. Me haría ilusión verlo publicado, aunque me consta que ya lo ha leído bastante gente. A unos le ha gustado más que a otros. A todos gracias por sus comentarios.
Y suerte a todos los participantes.

domingo, 17 de abril de 2011

Echo de menos Silent Hill

No soy una gran aficionada a la Play Station. De vez en cuando me pego mis pequeñas viciadas y he llegado a echarle horas a algunos juegos como el Resistance I y II, el Fall Out III y por supuesto todos los God of War. Bueno, y los Guitar Hero, claro está, pero es más una forma de expiación (mi gran frustración es que a pesar de lo mucho que gusta la música siempre fui una negada cuando traté de aprender a tocar un instrumento). Ahora las nuevas tecnologías nos permiten creernos que podríamos fundirle las pilas a Slash con sólo proponérnoslo. Mucho menos frustrante que la realidad, claro.
Pero si hay un juego que para mí es mucho más que un juego, ése es Silent Hill. Ni Resident Evil, ni Rule of Rose, ni Clock Tower. El survival horror por antonomasia, la Biblia de todos los juegos de terror, la mejor ambientación, la historia más retorcida, los monstruos más abominables, la banda sonora más angustiosa, todo eso y mucho más fue Silent Hill. Miedo en estado puro hecho pixel para el auténtico amante de lo oscuro. De Silent Hill se han dicho tantas cosas que ya no queda nada por decir. Hasta Cesar Strawberry le dedicó una canción a este pedazo de juego.
Para la mayoría de los fans la decadencia de la franquicia comenzó con el cuarto título, The Room. Yo discrepo. A pesar de la repetición de escenarios y de la ruptura argumental con el resto de la saga (ruptura aparente en realidad), creo que el cuarto Silent Hill está a la altura de sus predecesores. Aún transmite la angustia propia de un buen survival horror, con unos enemigos inquietantes (Walter Sullivan es realmente chungo, pero también muy humano) y giros inesperados. Y ese conejo rosa... A mí me pone los pelos de punta.
Pero si hay un antes y un después en Silent Hill. No se puede negar que los puzzles ya no son lo que eran, que las tramas se han vuelto lineales hasta rozar lo obsceno, que ya no hay que romperse la cabeza para resolver acertijos sobre palomas y teclas de piano (probablemente uno de los mejores puzzles de la historia de las consolas), ya no hay que pensar qué hacer con esa moneda sucia que hemos encontrado y que no podemos meter en la máquina del metro. Con todo cualquier Silent Hill, incluidos los que han seguido sacando hasta hace poco para la Play 2, es razón más que suficiente para perder la tarde y la noche dando vueltas por ese pueblo abandonado en el que nunca pasa nada bueno.
Por fortuna los seguidores de la saga estamos de suerte. Parece que ya falta poco para que podamos engancharnos a la octava entrega, titulada Silent Hill: Downpour, y todo hace pensar que la segunda parte de la adaptación cinematográfica, que ya se está rodando, no decepcionará a los más fieles. 
¿Cheryl...? ¿Is that Cheryl...?

miércoles, 6 de abril de 2011

Amigos del misterio

Tengo una debilidad. Lo tengo que reconocer. No sólo veo series americanas y Página Dos en la caja boba. También estoy enganchada a otro programa de producción patria. Se trata de Cuarto Milenio.
Sí, debo reconocerlo. No es algo fácil de admitir, pero yo también me quedo alelada cuando Iker Jiménez y señora hacen su aparición catódica cada semana. Bueno, catódica catodíca más bien no, porque yo los sigo en la red, a toro pasado y a horas menos intempestivas. La verdad es que no me creo ni media palabra de todas esas historias sobre ovnis y hombrecillos verdes, pero me encanta escucharlas. Me trasladan mágicamente a mi infancia, cuando veía otros programas importados directamente de la televisión estadounidense en plenos años ochenta. Cómo nos avergonzamos de los ochenta, y con cuánta frecuencia volvemos la vista a ellos con nostalgia.
Sé que en la red abundan los foros y los blogs en los que se raja sistemáticamente a este personajillo que a mí me cae tan simpático. Son muchos los que lo acusan de embaucador, de farsante, o directamente de embustero. A mí como embusteros se me ocurren otros caraduras que tristemente abundan en el panorama televisivo, y que mucho deberían envidiar a Iker Jiménez si tuvieran un poco de vergüenza. Lo que Jiménez ofrece es un poco de entetenimiento inofensivo -pero inofensivo de verdad, no como el de la sobremesa de Telecinco-, algo de divulgación y un puntito de imaginación (que buena falta nos hace en estos tiempos que corren). Además, no sé si alguien más se habrá dado cuenta, pero los debates que se mantienen en el plató de Cuarto Milenio son uno de los últimos reductos de educación y buenas maneras que pueden encontrarse a día de hoy en televisión. No hablo sólo de los gallineros que se montan en los circos del corazón, sino de los que podemos ver a diario en las tertulias sobre política e incluso en las Cortes. En Cuarto Milenio el doctor Cabrera Infante le puede estar argumentando a una señora que su difunto padre no fue abducido por un platillo, sino que en realidad estaba como un cencerro, que la señora no pierde las formas. Nunca jamás se ha cruzado en esa mesa una palabra más alta que otra, por enfrentadas que fueran las posturas. Sólo por eso Iker Jiménez ya merece todos mis respetos.
Otro de los motivos por los que no me pierdo un programa es porque toda la troupe de la que se rodea esta pareja me resulta encantadora. Pero encantadora el más puro estilo Tim Burton. No sé. Tienen algo de alocados, pero también de genios. Verdaderamente creen en lo que hacen, y creen tanto y se lo toman tan en serio que me dan envidia. Me recuerdan, en el buen sentido, a una de mis películas favoritas, Ed Wood, de Tim Burton. Alguien, algún día, debería rodar una peli sobre esta pandilla. Cabrera Infante me chifla, este tío lo mismo se apunta a un debate sobre apariciones marianas que a un especial sobre bombas atómicas. Los reportajes de Santiago Camacho son truculentos a más no poder. ¿Y Guillemo León? ¿Pero alguien le ha visto el careto a este tío? Porque parece el hombre invisible, pero por lo visto no hay quien se la cuele. ¿Y qué decir sobre Paloma Navarrete? Esta señora es muy años ochenta, muy Poltergeist, pero también tiene un puntito a lo profesora de parvulitos de las de antes, anda que no. Al que echo de menos es al gótico que les hacía los muñequitos las primeras temporadas, Oscar Dorian , creo que se hacía llamar. Demasiado friki, quizás. No es que Juan Villa no impresione un poquito también (por cierto, pedazo de artista el tipo, no como los de ARCO), pero Oscar Dorian siempre se mantendrá en mi memoria como uno de mis favoritos.
Y eso por no hablar de las eminencias que se dejan caer con frecuencia por la nave del misterio, sin complejos, claro que sí. Ya me contarán en qué otro programa, Redes a un lado, claro, entrevistan a criminólogos de la talla de Vicente Garrido o a especialistas en pensamiento griego y cristianismo como Antonio Piñero. En Sálvame de momento creo que no han salido.
Cuarto Milenio no tiene mayor peligro que cualquier novela de aventuras o cualquier revista de divulgación sin pretensiones. El peligro está en la incapacidad del receptor para discernir qué es lo que puede disfrutar como puro entretenimiento para después desecharlo y qué es lo que puede aprovechar para su enriquecimiento. La señora que asegura haber visto a la Virgen María subida a un olivo puede resultar tan amena como el catedrático erudito soltando su rollo sobre los etruscos, ¿por qué no? Si el telespectador decide concederles a ambos la misma credibilidad ya no es culpa del bueno de Iker. Como suele decir él, en Cuarto Milenio se limitan a dejar una puerta abierta al misterio, pero nunca lanzan sentencias.
Esto, señores, no es Intereconomía.

jueves, 24 de marzo de 2011

¿Una estatua para Dio en Barcelona?

El pasado fin de semana estuve en Barcelona. Fui a ver el conciertazo que se marcaron Black Label Society en la Razzmatazz (sin palabras) y después estuve tomando unas cervecitas en Crusader, un bareto de los alrededores que me gustó bastante y que aprovecho para recomendar. Una de las cosas que me llamó la atención es que en una cartel anunciaban una recogida de firmas para ponerle una estatua a Dio en Barcelona. Desde este humilde blog me gustaría apoyar la causa. No sé si saldrá adelante, pero teniendo en cuenta la cantidad de pelagatos y payasos a los que solemos dedicar calles y monumentos en este país, creo que no cumpliríamos con menos que inmortalizar al bueno de Dio, que tantas satisfacciones nos proporcionó en vida a los fans del mejor rock. Probablemente una de las mejores voces del metal. Probablemente la mejor.
Lo que sí tengo que apuntar es que, a pesar de que la idea me parece genial de la muerte, los búlgaros se nos han adelantado. Sí. Por lo visto el alcalde de la ciudad de Kavarna es un metalero de pro y allí ya cuentan desde hace tiempo con una estatua en honor del tito Ronnie. Lo más grande. En Bulgaria no se andan con plaquitas en las calles, que ya les han avisado los de Leganés que luego las roban y al final hay que pintarlas. A ver quién es el guapo que se atreve a cargar con el pedazo de estatua de marras para llevársela a su casa. Y a ver dónde la pone después.

miércoles, 23 de marzo de 2011

La editorial AJEC necesita nuestra ayuda


Vaya por delante que nunca he tenido el honor de publicar con la editorial AJEC, así que mi simpatía hacia esta empresa es absolutamente desinteresada. De hecho sólo he publicado una vez en toda mi vida -las mismas que he escrito algo publicable-, y tuve la inmensa fortuna de no tener que marcarme el agotador periplo que sufren la mayoría de mis colegas escritores cada vez que tratan de buscar editorial. Tuve suerte y di a la primera con una editorial relativamente pequeña pero dirigida por unos profesionales de excepción (Ediciones Evohé, con ellos da gusto). De cualquier manera soy consciente de lo que hay. Si yo me hubiera presentado con un relato o una novela a un concurso promovido por una editorial de las grandes, y lo hubiera hecho como lo hice en su día, sin el apoyo de un triste agente y sin currículum de ninguna clase, mis posibilidades habrían sido nulas. Sólo las editoriales pequeñas suelen arriesgarse a apostar por completos desconocidos, y más si son españoles. AJEC es una de esas editoriales. Además cuentan con mi simpatía no sólo por que vayan por libre, sino porque es una de las pocas editoriales que apuesta por un género denostado por la crítica "seria", el género fantástico. Es mi favorito. Reconozco que mis gustos son más bien clásicos, así que mi colección de libros tiene más de Valdemar que de AJEC, pero también hay que admitir que AJEC arriesga más. Y como todo el que arriesga, a veces pierde. AJEC pasa por un mal momento y su principal responsable, en lugar de tirar la toalla, se ha echado a los ruedos de internet para solicitar la colaboración de los lectores y tratar de salir con buen pie del brete. Lo que se han propuesto es captar un número suficiente de suscriptores para salvar la editorial. El precio de la suscripción será de 50 euros y dará derecho a un libro de regalo, veinte por ciento de descuento en la compra de otros libros y la posibilidad de recibirlos en el domicilio antes de que salgan a la venta en las librerías.
Espero de todo corazón que AJEC salga adelante y que tengan tanta suerte como en su día tuvieron otras editoriales especializadas en literatura de género. Por ejemplo Gigamesh, que como el que no quiere la cosa se ha encontrado con un "long seller" como Canción de Hielo y Fuego en su catálogo, o la mallorquina Dolmen, que arrasó con Apocalipsis Z, de Manel Loureiro.
Podéis encontrar toda la información al respecto en la página de la editorial http://www.grupoajec.es/.