miércoles, 27 de abril de 2011

Tim Burton en el museo Lacma de Los Ángeles

En breve se inaugurará una exposición con obras de Tim Burton en el museo Lacma de Los Ángeles. Echándole un vistazo a la mayoría de los dibujos y cuadros de Burton no me queda ni la menor duda de que es una verdadera lástima que algo así tenga pocas posibilidades de poder disfrutarse en nuestro país, aunque está previsto que en 2012 pueda visitarse en París.
No puede negarse que en lo que a sus películas se refiere, este genial cineasta no levanta cabeza desde hace unos cuantos años. La última que ha estado realmente a la altura de sus primeros trabajos, La novia cadáver, no es precisamente de ayer por la tarde. Y después de sufrir el visionado de la insulsa Alicia en el País de las Maravillas, una no puede por menos de preguntarse si el director de semenjante despropósito es realmente el mismo que rodó en su día las dos primeras versiones de Batman pasándose por el forro de los calzones las presiones de la Warner para edulcorar un poquito el producto final, y así poder rentabilizar mejor las ganancias del "merchandasing" (¿quién iba a pagar por Happy Meal con un Batman de regalo que daba casi tanto yuyu como el mismísimo Joker?).
Eran otros tiempos, está claro.
Pero no podemos negarle al bueno de Tim el mérito de haber creado escuela. Mathias Malzieu, autor de  los superventas La mecánica del corazón y La alargada sombra del amor, no puede negar que bebe directamente de las melancólicas fuentes burtonianas, y no son pocos los cineastas que muestran abiertamente su debilidad por el creador de Eduardo Manostijeras. No hace mucho tuve la extraña sensación de estar viendo una de las mejores películas de Tim Burton de los últimos tiempos sin que ni siquiera fuera de Tim Burton. Se trataba de Penélope, de Mark Palansky, una deliciosa fábula con tintes agridulces y un humor negro que no deja duda de cuáles son sus influencias. No es una película exactamente redonda, pero la recomendaría a cualquiera que haya disfrutado con las películas más "soft goth" de Burton, Big Fish y Eduardo Manostijeras (aunque a mí me gusta más cuando se pone gamberro, en Mars Attack y Beetlejuice, por ejemplo). Como sucedáneo y hasta que a Burton le vuelva la inspiración no está nada mal, la verdad.
Otro ejemplo de producto que atufa a burtoniano sin serlo es una mis series favoritas, la injustamente finiquitada Criando Malvas, de Bryan Fuller. Un puro derroche de ingenio que nunca llegó a cosechar los éxitos de audiencia necesarios para prolongar sus desternillantes capítulos más allá de la segunda temporada. Se rumoreaba que pensaban recuperarla en forma de tebeo, pero me temo que el proyecto quedó en el limbo de las buenas ideas. Así es el mundo en el que vivimos. Los guiones desternillantes y la originalidad no venden, pero Física o Química va por la séptima temporada.
Pero volviendo al tema que nos ocupaba, Tim Burton, sólo me queda rezar para que haya recuperado el sentido del buen gusto para Dark Shadows, adaptación para el cine de la mítica serie de los años sesenta. Al menos después del batacazo de Alicia en el País de las Maravillas nos queda el consuelo de que será muy difícil que pueda hacerlo peor.

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