jueves, 17 de enero de 2013

Apartamento 16 y El Ritual, dos novelas de terror de Adam Nevill

Hace ya unos cuantos meses que leí los dos libros que voy a comentar, pero, a pesar de que lo mucho que me habían gustado, no había tenido tiempo de escribir sobre ellos. Los dos, Apartamento 16 y El Ritual, son del mismo autor, Adam Nevill, un escritor inglés al que tuve la suerte de ver en persona en Avilés durante el Celsius 232.
Vaya por delante que Nevill me pareció un personaje bastante peculiar, sobre todo porque es relativamente fácil encontrar similitudes entre su propia vida y parte de lo que se cuenta en Apartamento 16, y él mismo no tiene reparos a la hora de admitir que se le debió fundir algún fusible durante sus años de juventud.

De Apartamento 16 podría decirse que es una especie de revisión actualizada de las historias más clásicas de casas encantadas, pero eso sería quedarse en la superficie. Una de las cosas que más me llamó la atención cuando escuché hablar a Nevill es que parece sentirse muy orgulloso a la hora de reivindicar sus influencias. En estos tiempos de globalización en los que parece que siempre hay que tratar de destacar invocando como influencia los textos más exóticos y desconocidos, Nevill confiesa que sus libros de cabecera son los clásicos del terror inglés, las ghost stories de toda la vida, y también, como buen hijo de su tiempo, las películas de miedo que todo buen aficionado al género ha ido viendo desde la infancia.
La acción de Apartamento 16 transcurre en un edificio de uno de los más elitistas barrios de Londres, y Adam Nevill nos sumerge en ella a través de dos puntos de vista. Por un lado el de una joven norteamericana que llega a la ciudad para hacerse cargo de uno  de los apartamentos de este edificio tras la muerte de su anciana tía. Hasta aquí podría dar la sensación de que Nevill tampoco se ha estrujado mucho las neuronas, porque parece un argumento bastante manido. Pero lo mejor de la novela, al menos desde mi punto de vista, es el otro personaje, un pintor treintañero que trabaja en el turno de noche como portero del edificio y que poco a poco va desquiciándose, en parte debido al trastorno que supone para su salud la dureza de su horario, en parte por los sucesos delirantes de los que será testigo en el edificio. Este personaje me ha cautivado porque es sencillamente redondo. Con sus claroscuros, con sus imperfecciones, está escrito como si la pluma (o el teclado, que esto es el siglo XXI) hubiera cogido carrerilla por su propia inercia. Como si fuera real.
Otra de las virtudes de Apartamento 16 es que acierta de pleno al contextualizar una historia de terror en principio bastante clásica en un escenario absolutamente actual. Es una historia truculenta, una historia en la que los protagonistas tienen que bucear en el pasado para ir desdentrañando horrorizados una serie de acontecimientos atroces y sobrenaturales, pero al mismo tiempo Nevill se toma su particular revancha aprovechando sus propias vivencias para hacer más creíble la degradación psicológica y moral del joven portero, y lo hace sin compansión, sin medias tintas, hablando sin tapujos de la cara amarga del empeño en perseguir los propios sueños.
Lo curioso es que el propio escritor trabajó como portero de noche en un edificio londinense muy semejante al que describe en su novela. Lo hizo, según relata en una pequeña nota al final del libro, para pagarse los estudios de escritura creativa, y por el tono de sus palabras, no guarda buenos recuerdos de aquellos años, aunque hay que reconocer que le inspiraron una pequeña joya literaria.

 Apartamento 16 me gustó tanto que nada más terminarlo tuve que empezar El Ritual, la segunda novela de Nevill.
No puedo decir que El Ritual esté al nivel de Apartamento 16, pero eso no significa que no sea un libro verdaderamente original y desasosegante. Es más, diría que es aún más original que el primero, y también deja muy mal cuerpo (porque las obras de Nevill no son precisamente aptas para estómagos delicados), pero si tengo que elegir me quedo con Apartamento 16. Sólo si tengo que elegir, porque cualquiera de las dos merecen la pena.
El Ritual nos traslada a los bosques del Círculo Ártico escandinavo, donde cuatro amigos ingleses que planean una agradable excursión acabarán viviendo la peor de las pesadillas.
Si Apartamento 16 bebía directamente de la literatura clásica de terror, El Ritual es directamente deudora del género cinematográfico del survival horror (cinematográfico y videojueguil). Si tuviera que resumir en dos palabras este libro, esas dos palabras serían muerte y persecución.
Lo único que se le puede recriminar a Nevill en El Ritual es que el ritmo es demasiado lento. Y cuando digo lento me refiero a verdaderamente lento. El terror con el que Nevill trabaja es el terror más instropectivo, una clase de terror psicológico que arrastra al lector a lo más profundo y abyecto de la mente humana. Esto tiene un lado bueno, y es que Nevill se maneja muy bien en este terreno y sabe hacernos sentir como si en lugar de estar pasando páginas en el sillón del salón estuviéramos perdidos en medio de un bosque tétrico noruego. El lado negativo es que la lectura de tanto párrafo tan introspectivo puede llegar a volver un poco tediosos algunos pasajes de la novela.
Por último no quisiera dejar de mencionar que en el desarrollo de El Ritual juega un papel más o menos relevante una banda de black metal escandinavo (si, esos tipos que se pintan como osos panda y quemaban iglesias en los noventa), y es que Adam Nevill es un amante declarado del heavy metal, algo que no hace más que acrecentar mi simpatía por el autor de estas dos novelas tan recomendables.

1 comentario:

  1. Con esta reseña has conseguido que me entren ganas de leer "Apartamento 16", así que me lo apunto en la agenda. Tiene unos cuantos por delante en la cola, pero caerá seguro.

    Y tienes nueva seguidora en el blog! :-)

    ¡Un saludo desde mi blog junto al fuego! :-)

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