viernes, 6 de mayo de 2011

¿Qué fue de las entradas a color?

No lo entiendo. Por más vueltas que le doy no consigo comprenderlo.
Vayamos por partes. Hace ya varias semanas que me hice con las entradas para el concierto de Judas Priest. Con Downing o sin él habrá que ir a verlos. Total, dicen que se despiden ya de los escenarios, aunque no acabo de verlo claro... El caso es que la entrada para el concierto de Judas + Motorhead + Saxon, comprada en mano en una tienda de discos, me costó 60,20 euracos, de los cuales 7,20 son de gastos de distribución. Lo que no entiendo es cómo leches puede costar más de siete euros (mil y pico pelas de las de antes) distribuir un cacho de papel con cuatro tintazos fosforito. Y no lo entiendo porque me consta que ningún señor de la promotora tuvo que acercarse a la tienda en cuestión para llevar el taco de entradas, ni tendrá que ir más tarde a recoger la recaudación y las entradas sobrantes. Me consta porque pagué 60 machacantes por mi entrada, pero es más fea que pegarle a un padre con un calcetín sudado. Y es fea porque es la típica entrada en blanco y negro que te imprimen en el momento cuando vas a buscarla. 
Hace ya mucho tiempo que tengo asumido que las entradas ya no son lo que eran, así que me resigno y punto. Total, las entradas son para entrar, ¿no? Y si alguien encuentra placentero guardarlas con cariño como recuerdo del evento, que se fastidie. Yo llevo tiempo haciéndolo.
El tema es que el mismo día que compré mis entradaditas para ver a Judas aproveché y me hice también con las de Crashdïet. Y me llevé una grata sorpresa. Aquéllas sí que eran entradas de las de verdad, entradas de taco a todo color con buena calidad de impresión. Y lo mejor es que a nadie se le había ocurrido hinchar el precio con gastos de distribución desorbitados.
Ésta es la clase de cosa que me hacen pensar. Y cuando pienso tiendo a enfadarme. Una empresa me cobra 7 euros y pico por distribuir unas entradas que valen poco más de 50. Me los cobra porque las distribuye, claro está. Pero digo yo, ¿dónde queda la distribución? Porque entendería que me cobrarán por enviarme las entradas a casa, o si las hubiera comprado en el supermercado (donde hace unos años me habrían tomado por loca si hubiera intentado añadir a la cesta de la compra, con la lechuga y el fregasuelos, entradas para el Sonisphere). Pero es que me he cogido el metro y me he plantado en la tienda de discos para comprar mis entradas, tal y como se hacía hace veinte años. ¿Por qué tengo entonces que pagarle 7 euros y pico a una empresa que todavía no tengo muy claro qué función realiza? ¿Es que va a salir el dueño de Ticketmaster a dar palmas en el escenario mientras Halford se marque el Painkiller?
Me he centrado en el caso del concierto de Judas porque me ha parecido exageradamente sangrante, pero no es el único. Las entradas para el Sonisphere de Getafe también me han costado un pico más gracias a Ticketmaster. Y conste que no me quejo en absoluto del precio del Festival, que para los grupazos que trae me parece muy ajustado, sobre todo teniendo en cuenta que cuando cerrraron el cartel aún se podía comprar el bono para los dos días por 75 euros (la entrada para Maiden en Berlín me ha costado más o menos eso mismo, y prefiero no pensar en los teloneros que van a llevar a Alemania, que me entra dolor de barriga).
De todas formas he echado un ojo a toro pasado y me he dado cuenta de que, al menos en el caso del Sonisphere hay alternativas que cobran un porcentaje más pequeño por los gastos de distribución. Es sólo cuestión de no quedarse con la primera opción, la que aparece más visible, la que todos conocemos.
Todo el mundo habla de la comodidad de comprar entradas desde tu casa, pero yo no veo ninguna ventaja. Si las compro desde casa igualmente tengo que ir a buscarlas a un punto de venta, y si quiero que me las manden a casa tengo que pagar un plus considerable. Y eso si hablamos de conciertos de andar por casa, porque todavía recuerdo la odisea que supuso conseguir entradas para ver a AC/DC en la gira del Black Ice. Yo estaba la tercera en la cola cuando la tienda abrió. Sólo la primera pudo hacerse con un par de las ansiadas entradas, porque a los dos minutos de abrirse la venta la red se colapsó y se nos quedó cara de bobos a todos. Menos mal que los Young se estiraron con cinco conciertazos y pude hacerme con entradas para el del Calderón.
Creo que era más justo cuando el que conseguía las entradas era el fan incondicional que se había ido a hacer cola la noche antes, no como ahora, que se acabó lo de tirarnos doce horas a la intemperie esperando a que abran la taquilla, pero estamos expuestos a las malas jugadas de los duendecillos informáticos.
Aquellos eran otros tiempos. Y yo debo ser una romántica impenitente, pero cuando he visto mis entraditas de Crashdïet a color, tan bonitas ellas, tan cucas, he recordado esos otros tiempos y me he emocionado.

2 comentarios:

  1. Recuerdo que cuando fui al primer Lorca Rock, tuvieron el detalle de cambiarnos la entrada cutre en blanco y negro por una a color. Realmente es una de las entradas más bonitas que tengo en mi álbum de entradas, es una pena que eso se haya perdido :(.

    Con todo, no estoy del todo de acuerdo en que las entradas a través de internet hayan restado "la magia" al fan en comparación con el que se pone a esperar delante de la taquilla durante horas. Yo vivo en una ciudad en que el evento musical más importante es traer a Bisbal y energúmenos similares, así que si quiero ver algo de Heavy Metal con un mínimo de calidad, me tengo que desplazar a otra ciudad, y poder comprar las entradas por internet me facilita mucho las cosas. No puedo competir con el que vive en Madrid y se puede plantar delante de la taquilla. Tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes, como la recogida o el plus por mandártelas a casa, eso es cierto.

    Ey, ya salió el nuevo cd de Moonspell, está genial :D.

    Un beso guapa.

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  2. Es verdad que gracias a internet es mucho más fácil hacerse con entradas para un concierto desde cualquier parte del mundo. Yo he comprado entradas desde Madrid para un concierto de Maiden en Berlín, y desde Salamanca para otro de Motley Crüe en Manchester (aese al final no pude ir y me comí las entradas... En sentido figurado, claro). De lo que me quejo en realidad es de que las grandes distribuidoras como Ticket Master abusen tanto con el precio de los gastos de gestión. Pero, qué se le va a hacer...

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