jueves, 5 de mayo de 2011

Preciosa, preciosa, preciosa...

Me voy a hacer un regalo. Soy consciente de que este nuevo juguetito tiene muchas papeletas de quedarse arrinconado cogiendo polvo al lado de los libros del curso de catalán, al lado de la guitarra española, del kimono y las zapatillas de taewkondo... Pero soy humana, y van ya demasiadas horas enganchada al Guitar Hero como para no hacerme la pregunta que todos hemos acabado haciéndonos después de tirarnos tres horas seguidas tratando de sacar cinco estrellas en Free Bird: ¿Y si todo este tiempo que estoy desperdiciando haciendo el ganso delante de la tele se lo dedicara a algo más productivo como aprender a tocar un intrumento de verdad?
 Al final he tenido que rendirme a mis impulsos y voy a comprarme una guitarra eléctrica. Seguro que lo dejo por imposible antes de tocar entera una de los Ramones, pero de ilusión también se vive, y yo tengo esa espinita clavada desde hace años.
Me habría salido más barato cogerle el bajo a mi novio, pero, por mucho que él se empeñe en sacar a relucir los sacrosantos nombres de Lemmy Kilmister, Steve Harris y Nikki Six, a mí no me acaba de resultar atractivo el tema de las cuatro cuerdas. Igual en el futuro. Ya se verá.
La cosa es que no tenía muy claro por qué modelo decidirme. Evidentemente mi grado de enajenación no es tal como para lanzarme directamente a comprar una guitarra muy cara. He tenido que optar por una de gama baja, una segunda marca. Y para alguien que siempre ha babeado delante de las Gibson, estaba claro que Epiphone era una buena elección. Al final me he quedado con una Les Paul Special II en color Vintage Sunburst, y me voy a arriesgar a comprarla por internet en una tienda parisina. El año pasado por estas fechas estaba haciendo las maletas para irme a currar un mesecito en Francia. Fue una experiencia un tanto decepcionante. Éste mejor que me traigan algo franchute a casa, porque no pienso moverme de España más que para ir unos días a Berlín en junio, visitar la Isla de los Museos, tomarme una birras en el Haldford Rock Cafe y disfrutar del concierto de Maiden en el O2.
A lo que iba. Siempre pensé que, de llegar a comprarme una guitarra, optaría por una tipo SG. Después de todo mi grupo favorito siempre ha sido AC/DC, pero las versiones de Epiphone de las SG no me convencen tanto como las Les Paul. Además, los gustos evolucionan. Y hay que reconocer que las Les Paul de Epiphone tienen buena fama como guitarra para principiantes.
De momento tengo buenas intenciones. Esperemos que no se quede la cosa en eso. De todas formas, por si acabo mandando la guitarra a la porra, ya tengo en mente otros proyectos que también podría emprender con muchísimas ganas para abandonarlos a los cuatro días, por ejemplo estudiar la carrera de Historia, aprender a montar a caballo o apuntarme a clases de esgrima. Por ejemplo.

2 comentarios:

  1. Querida colega guitarrera: El mundo, ya lo intuyes o lo sabes se divide en los que somos de Gibson o los que son de Fender. Así que mi enhorabuena por la elección y por el relato aportado. Me quedo y te sigo un rato más...

    Larga vida a Lemmy.

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  2. Gracias por tu comentario, Chus. Me ha picado la curiosidad y me he dado una vuelta por tu blog. Muy chulo.
    Ya iré informando convenientemente de cómo progresa mi odiseo con la guitarra.

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