sábado, 7 de mayo de 2011

Lemmy: 49 % Motherfucker 51% Son of a Bitch

Hacía tiempo que no veía una película documental sobre rock tan buena como ésta, aunque con Lemmy como protagonista era difícil que no saliera algo de calidad. La cosa es que no soy muy de documentales. Un Behind the Music del VH1 es una cosa, pero cuando se juntan las ínfulas de artistazo del director de cine de turno con metaleros forrados de pasta y pasados de vuelta, puede acabar saliendo "alguna clase de monstruo"... O algo por el estilo. Lo que me gusta del rock es el rock, no los dramas existenciales del yonki de turno lamentándose delante de la cámara de lo duro que es ser rico y famoso. Odio a los mártires del rock, sobre todo a los que están vivos.
Pero apostar por Lemmy es jugar sobre seguro. De salida porque lo de este tío no se finge. Es un icono del rock, pero es mucho más que eso, es auténtico de narices. Y un músico excepcional. No todo el mundo puede presumir de gustar por igual a heavys, punkis y rockeros. Toca con Metallica y no desentona, toca con The Head Cat y lo peta, toca con Motorhead y es Dios. Aunque nadie en su sano juicio se trevería a poner en duda que Lemmy siempre es Dios.
No tengo muy claro ni que se haya llegado a estrenar esta película en España, aunque se incluyó en el Festival Internacional de Cine Documental Musical de Barcelona. Tengo entendido que en los países civilizados se proyectó en cines hace tiempo, y ya puede adquirirse en DVD y Blue-Ray con un montón de extras. Aquí no sé si se puede comprar en algún sitio, pero internet es maravilloso y en Play.com, por ejemplo, el DVD sólo cuesta 7,49 euros. En el top mula es gratis, pero no lo voy a decir muy alto no siendo que los de la SGAE se enfaden... Aunque me da que por el bueno de Lemmy no van a molestarse demasiado. 
Definitivamente, después de ver este DVD, no parece la clase de músico acomodado en una mansión de Los Angeles que se conforma con vivir de las rentas de lo que una vez fue mientras arrastra su dignidad por el lodo a cambio de un tren de vida más propio de Berlusconi que de un rockero. Lemmy no tiene yate privado y no juega al golf para relajarse entre concierto y concierto.
En absoluto. Lemmy vive en un apartamento que le cuesta 900 $ al mes, y dice que no piensa mudarse porque no cree que vaya a encontrar algo mejor por ese precio. Sus ratos libres los pasa bebiendo whisky en el Rainbow, matando marcianos (lo mismo le da un videojuego de última generación que la culebrita del móvil) y componiendo esas canciones que nos hacen vibrar a todos sus fans.
Si lo que cuentan de Lemmy en este documental lo hubieran contado de cualquier otro, no le habría concedido ni la más mínima credibilidad. Pero de Lemmy hay que creerselo, porque estamos ante uno de los tipos más honesto del metal. Probablemente el más honesto. Nos han hecho sentir látima por Ozzy en espectáculos lamentables como The Osbournes. Nos han hecho sentir vergüenza ajena con James Hetfield en demostraciones ridículas de pornografía emocional como Some Kind of Monster. Ya iba haciendo falta algo así para mantener vivo el encantamiento.
Por cierto, que otro de los encantos de esta cinta, como si no fuera bastante con ver a Lemmy en su salsa, es la cantidad de "rock stars" que salen hablando maravillas de él. Slash, Dee Snider, Dave Grohl y Nikki Six entre otros se confiesan absolutos devotos de Motorhead. Ninguno hace declaraciones tan divertidas e interesantes como las de Dave Grohl. Impagable la anécdota con Justin Hawkins.
En definitiva, un documental imprescindible para los amantes de Motorhead en particular y del rock en general. Casi dos horitas de Lemmy Kilmister en estado puro. Impagable.

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