domingo, 17 de abril de 2011

Echo de menos Silent Hill

No soy una gran aficionada a la Play Station. De vez en cuando me pego mis pequeñas viciadas y he llegado a echarle horas a algunos juegos como el Resistance I y II, el Fall Out III y por supuesto todos los God of War. Bueno, y los Guitar Hero, claro está, pero es más una forma de expiación (mi gran frustración es que a pesar de lo mucho que gusta la música siempre fui una negada cuando traté de aprender a tocar un instrumento). Ahora las nuevas tecnologías nos permiten creernos que podríamos fundirle las pilas a Slash con sólo proponérnoslo. Mucho menos frustrante que la realidad, claro.
Pero si hay un juego que para mí es mucho más que un juego, ése es Silent Hill. Ni Resident Evil, ni Rule of Rose, ni Clock Tower. El survival horror por antonomasia, la Biblia de todos los juegos de terror, la mejor ambientación, la historia más retorcida, los monstruos más abominables, la banda sonora más angustiosa, todo eso y mucho más fue Silent Hill. Miedo en estado puro hecho pixel para el auténtico amante de lo oscuro. De Silent Hill se han dicho tantas cosas que ya no queda nada por decir. Hasta Cesar Strawberry le dedicó una canción a este pedazo de juego.
Para la mayoría de los fans la decadencia de la franquicia comenzó con el cuarto título, The Room. Yo discrepo. A pesar de la repetición de escenarios y de la ruptura argumental con el resto de la saga (ruptura aparente en realidad), creo que el cuarto Silent Hill está a la altura de sus predecesores. Aún transmite la angustia propia de un buen survival horror, con unos enemigos inquietantes (Walter Sullivan es realmente chungo, pero también muy humano) y giros inesperados. Y ese conejo rosa... A mí me pone los pelos de punta.
Pero si hay un antes y un después en Silent Hill. No se puede negar que los puzzles ya no son lo que eran, que las tramas se han vuelto lineales hasta rozar lo obsceno, que ya no hay que romperse la cabeza para resolver acertijos sobre palomas y teclas de piano (probablemente uno de los mejores puzzles de la historia de las consolas), ya no hay que pensar qué hacer con esa moneda sucia que hemos encontrado y que no podemos meter en la máquina del metro. Con todo cualquier Silent Hill, incluidos los que han seguido sacando hasta hace poco para la Play 2, es razón más que suficiente para perder la tarde y la noche dando vueltas por ese pueblo abandonado en el que nunca pasa nada bueno.
Por fortuna los seguidores de la saga estamos de suerte. Parece que ya falta poco para que podamos engancharnos a la octava entrega, titulada Silent Hill: Downpour, y todo hace pensar que la segunda parte de la adaptación cinematográfica, que ya se está rodando, no decepcionará a los más fieles. 
¿Cheryl...? ¿Is that Cheryl...?

2 comentarios:

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