miércoles, 6 de abril de 2011

Amigos del misterio

Tengo una debilidad. Lo tengo que reconocer. No sólo veo series americanas y Página Dos en la caja boba. También estoy enganchada a otro programa de producción patria. Se trata de Cuarto Milenio.
Sí, debo reconocerlo. No es algo fácil de admitir, pero yo también me quedo alelada cuando Iker Jiménez y señora hacen su aparición catódica cada semana. Bueno, catódica catodíca más bien no, porque yo los sigo en la red, a toro pasado y a horas menos intempestivas. La verdad es que no me creo ni media palabra de todas esas historias sobre ovnis y hombrecillos verdes, pero me encanta escucharlas. Me trasladan mágicamente a mi infancia, cuando veía otros programas importados directamente de la televisión estadounidense en plenos años ochenta. Cómo nos avergonzamos de los ochenta, y con cuánta frecuencia volvemos la vista a ellos con nostalgia.
Sé que en la red abundan los foros y los blogs en los que se raja sistemáticamente a este personajillo que a mí me cae tan simpático. Son muchos los que lo acusan de embaucador, de farsante, o directamente de embustero. A mí como embusteros se me ocurren otros caraduras que tristemente abundan en el panorama televisivo, y que mucho deberían envidiar a Iker Jiménez si tuvieran un poco de vergüenza. Lo que Jiménez ofrece es un poco de entetenimiento inofensivo -pero inofensivo de verdad, no como el de la sobremesa de Telecinco-, algo de divulgación y un puntito de imaginación (que buena falta nos hace en estos tiempos que corren). Además, no sé si alguien más se habrá dado cuenta, pero los debates que se mantienen en el plató de Cuarto Milenio son uno de los últimos reductos de educación y buenas maneras que pueden encontrarse a día de hoy en televisión. No hablo sólo de los gallineros que se montan en los circos del corazón, sino de los que podemos ver a diario en las tertulias sobre política e incluso en las Cortes. En Cuarto Milenio el doctor Cabrera Infante le puede estar argumentando a una señora que su difunto padre no fue abducido por un platillo, sino que en realidad estaba como un cencerro, que la señora no pierde las formas. Nunca jamás se ha cruzado en esa mesa una palabra más alta que otra, por enfrentadas que fueran las posturas. Sólo por eso Iker Jiménez ya merece todos mis respetos.
Otro de los motivos por los que no me pierdo un programa es porque toda la troupe de la que se rodea esta pareja me resulta encantadora. Pero encantadora el más puro estilo Tim Burton. No sé. Tienen algo de alocados, pero también de genios. Verdaderamente creen en lo que hacen, y creen tanto y se lo toman tan en serio que me dan envidia. Me recuerdan, en el buen sentido, a una de mis películas favoritas, Ed Wood, de Tim Burton. Alguien, algún día, debería rodar una peli sobre esta pandilla. Cabrera Infante me chifla, este tío lo mismo se apunta a un debate sobre apariciones marianas que a un especial sobre bombas atómicas. Los reportajes de Santiago Camacho son truculentos a más no poder. ¿Y Guillemo León? ¿Pero alguien le ha visto el careto a este tío? Porque parece el hombre invisible, pero por lo visto no hay quien se la cuele. ¿Y qué decir sobre Paloma Navarrete? Esta señora es muy años ochenta, muy Poltergeist, pero también tiene un puntito a lo profesora de parvulitos de las de antes, anda que no. Al que echo de menos es al gótico que les hacía los muñequitos las primeras temporadas, Oscar Dorian , creo que se hacía llamar. Demasiado friki, quizás. No es que Juan Villa no impresione un poquito también (por cierto, pedazo de artista el tipo, no como los de ARCO), pero Oscar Dorian siempre se mantendrá en mi memoria como uno de mis favoritos.
Y eso por no hablar de las eminencias que se dejan caer con frecuencia por la nave del misterio, sin complejos, claro que sí. Ya me contarán en qué otro programa, Redes a un lado, claro, entrevistan a criminólogos de la talla de Vicente Garrido o a especialistas en pensamiento griego y cristianismo como Antonio Piñero. En Sálvame de momento creo que no han salido.
Cuarto Milenio no tiene mayor peligro que cualquier novela de aventuras o cualquier revista de divulgación sin pretensiones. El peligro está en la incapacidad del receptor para discernir qué es lo que puede disfrutar como puro entretenimiento para después desecharlo y qué es lo que puede aprovechar para su enriquecimiento. La señora que asegura haber visto a la Virgen María subida a un olivo puede resultar tan amena como el catedrático erudito soltando su rollo sobre los etruscos, ¿por qué no? Si el telespectador decide concederles a ambos la misma credibilidad ya no es culpa del bueno de Iker. Como suele decir él, en Cuarto Milenio se limitan a dejar una puerta abierta al misterio, pero nunca lanzan sentencias.
Esto, señores, no es Intereconomía.

3 comentarios:

  1. Gracias por el cumplido!!! jajajjajaa.O.Dorian

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  2. Gracias por el comentario, ODorian, y por traer a mi memoria esta vieja entrada. Ya ni me acordaba. ¡Un saludo!

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  3. hola, soy Theresa Cargo, lo digo porque no me quedó más opción poner anónimo. Decir que no una sola linea tiene desperdicio, ni se apolilla, se actualiza. Comparto lo de la ausencia gótica de Dorian, era absolutamente arte lo que hacia. En ningun momento son para mi dogma de fé. Hay algún periodista y médico que me llegan a enervar aunque no haya gritos, pero si chulaperia. He estado en algunos de los lugares de misterio que describen como La Escusalla en Orense, y la nombro porque es el único lugar que he vivido por vez primera in situ sonidos auténticos y una paralización absoluta, habiendo recorrido minas, cuevas, casas abandonadas y todo lo que vi fue belleza. Gracias por esa lucidez sin fanatismos, un toque a los que hablan por hablar, y saber discernir dentro del populismo lo que nos puede enseñar, entretener sin ofender a todo quisque a grito pelado. Saludos de respeto por usar la inteligencia.

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