viernes, 18 de febrero de 2011

¿Demasiados universitarios?

Esta mañana he leído una noticia en los periódicos que, aunque no me ha sorprendido, tampoco me ha dejado precisamente buen cuerpo. En realidad era un refrito mal redactado que podía encontrarse en El País. Hablaba de los consejos de una ETT para redactar el currículum vitae. Su apuesta era la de no falsearlo para ocultar logros académicos y laborales a la hora de optar a un empleo por debajo de la cualificación que en realidad se posee. No sé si es un buen consejo, pero el hecho de que tantos españoles jóvenes (y no tan jóvenes) se vean en la tesitura de tener que falsear su currículum para acceder a puestos de trabajo poco apetecibles revela una realidad que hemos acabado aceptando y encontrando casi normal. Un título universitario no será determinante a la hora de encontrar un buen empleo. De hecho un montón de títulos universitarios tampoco lo serán.
Decir esto en pleno 2011 es una perogrullada que roza lo obsceno. La cuestión es que nuestros títulos universitarios ya no sirven, y no sirven porque están devaluados. Es más, los que estamos devaluados somos nosotros mismos. ¿Por qué estamos devaluados? Por lo mismo por lo que se devalúa cualquier otro producto, porque hay demasiada oferta y muy poca demanda. Es decir, yo, como posible trabajadora trato de venderme por un buen precio, y a ser posible por una buenas condiciones (en este caso laborales). Pero sucede que hay muchos productos como yo (ya no estudian sólo los ricos, ahora estudiamos todos), así que yo como producto acabo por no valer nada.
Pero la cuestión no se zanja ahí. Hay demasiados abogados, demasiados físicos, demasiados filólogos y demasiados historiadores del Arte. Demasiados al menos para un páis en el que las principales industrias son, no nos olvidemos, el turismo y el ladrillo. Aquí no tenemos la Bayer, aquí tenemos Rumasa, eso es verdad, pero no puede tratarse sólo de eso. ¿Por qué falsear un currículum? ¿Por qué ocultar que uno ha estudiado un doctorado en Filología Hebrea? ¿Es que los conocimientos de arameo incapacitan a un treintañero para ser un hábil repartidor de pizzas? No tengo ni idea.
De todas formas, y esto lo cuento en un ejercicio de pura autocrítica y desde el punto de vista de alguien que está terminando su segunda licenciatura, la Universidad está en fase de absoluta decadencia. Dejando de lado la enfermiza endogamia que se ha extendido como la peste por los decanatos y cátedras de nuestra insigne alma mater (de padres, hijos y nietos que hablen otros, que a mí hoy me duele la tripa), lo innegable es que hoy día es más difícil programar el TDT que sacarse un grado en la Universidad.
No es mi intención arroparme con la mantita del abuelo cebolleta y entonar el consabido "dices tú de mili, para mili la que hice yo en...", pero no puedo callarme que entre mi primera carrera y la segunda he notado un abismo de diferencia.Un abismo generacional, si quiere leerse de esta manera. Lo que me preocupa es que el abismo lo marcan unos cinco años, no más. Muchos de mis compañeros son auténticos analfabetos funcionales, y puede sonar pedante, pero no encuentro la manera de suavizarlo. Si les piden que lean un texto en voz alta, un texto de Horacio o de Platón, nada rebuscado, no estoy hablando de Heidegger, y que después extraigan las dos o tres ideas fundamentales sencillamente no son capaces. Se atascan. Algunos responden que no lo han entendido (los más sinceros) y otros que lo han entendido perfectamente pero que no saben explicarlo (a estos no sé si creérmelos). La mejor fue una que soltó un rotundo: "Aquí no puedo ponerme a explicar esto. Es que no lo ibais a entender."
La conclusión que saco es que no sólo abundan los ignorantes con carpetas de títulos debajo del brazo, sino que la mayor parte de esos ignorantes, y esto es lo peligroso, ni siquiera sospechan a qué punto llega su imbecilidad.
No sirve de nada engañarse. Es cierto que nuestras pilas de títulos no valen nada porque somos muchos ya los que nos sumamos a la caterva del coleccionismo, y al final somos como los cromos, estamos todos repetidos y no nos quiere nadie ni a cambio de un chicle de los de a duro. Pero también lo es que las Universidades se han convertido en mercadillos de pueblo en los que interesa vender lo que sea y como sea con tal de que "los de siempre" sigan siendo "los de siempre" y puedan seguir viviendo igual de bien que han vivido toda la vida.
Todo el que haya sido becario precario de algún catedrático perdonavidas sabe bien a qué me refiero. De ahí esos pactos de no agresión entre profesores para no puntuar nunca una tesis con menos de un sobresaliente cum laude, que queda feo en los tramos de investigación y ni tú ni yo queremos hacernos pupa, de ahí los notables y sobresalientes regalados para que se sigan matriculando vaguetes que por lo menos pagan sus tasas, de ahí el cachondeo padre que reina en estos lares y que después pasa factura. Y pasa factura porque queda muy progre que el más tonto de la clase también tenga derecho a presentarse el día de mañana con un doctorado debajo del brazo, pero acarrea que el doctorado del que de verdad ha investigado y no se ha limitado a hincharse como un pavo mientras le regalaban el cum laude no valga un carajo por la sencilla razón de que al de al lado poco menos que le ha entrado uno igual en la caja de los cereales.

1 comentario:

  1. Son muy pocas personas las que entienden que el mercado se rige por la ley de la oferta y la demanda porque creen que no les ha afectado nunca, ya que muchos trabajos en este pais estan regulados por convenios colectivos que van contra esta ley y que solo sirve para que los buenos trabajadores digan: "si vamos a cobrar todos igual para que esforzarme"

    Cuatro cosas marcan las posibilidades de obtener un trabajo o mejorar a uno mejor de lo que ya tienes: Cuantos puestos de ese trabajo se ofrecen, cuanta gente los quiere y puede realizarlos, cuanto quieres cobrar tu por hacerlo, y como de bien lo vas a hacer.

    Existen demasiados universitarios, poco preparados y que quieren cobrar mucho, eso unido a que se genera poco trabajo ahora, hace que las cuatro variables estén en negativo.

    Todo esto fuera de la función publica (sobre todo la que funciona a dedo como las universidades) ahi las leyes no se cumplen (creo que ni la gravedad :)

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