domingo, 30 de enero de 2011

Guys and Dolls. Todos poetas.

La primera entrada de este blog no trataba sobre la escritura como forma de catarsis, sino más bien sobre cómo aliviar el anhelo de escribir cuando uno no puede o no debe hacerlo. Hace algunos años vi una película bastante buena que enfocaba la vocación del escritor desde ese punto de vista, es decir, el del yonqui que necesita su chute de tinta a toda costa. Se trataba de Quills, de Philip Kaufman.
Yo llevaba años sin escribir una sola línea cuando sentí el impulso de darle forma a unas ideas bastante difusas para convertirlas en algo más concreto. El impulso nació a raíz de una clase de la asignatura de Comentario de Textos Líricos, asignatura que en principio no me la podía traer más al pairo y de la que me matriculé únicamente porque el horario me venía bien. No soy lectora de poesía, no he escrito un verso en mi vida y reconozco que rara vez me ha sugerido absolutamente nada un poema. El caso es que una tarde a la profesora le dio por analizar algunas revisiones de diversos mitos clásicos para mostrarnos lo dispares que podían llegar a ser los enfoques de los poetas (hombres) de los de las poetisas (mujeres). Igual se le podría haber objetado que la selección de textos se había realizado con miras a justificar la tesis de que los de los varones reflejaban una tendencia más clasicista, mientras que los del equipo de las chicas se movían en una onda de renovación superfeminista y algo gamberra. No lo sé. Yo salí convencida.
Luego en casa y bajo la influencia del subidón le di a la tecla una cosa mala y me salieron unas páginas que me sirvieron para concursar en un certamen con un relato en prosa pero de tono bastante lírico (claro, estaba envenenada de poesía, pero ya se me pasó y prometo que no lo volveré a hacer).
Quedé tercera. Me lo publicaron junto a otros nueve relatos que sin lugar a dudas son mucho mejores que el mío y me hizo mucha ilusión. Ahora me avergüenzo profundamente de ese relato pero recomiendo encarecidamente su lectura porque si no sería una mala madre.
A lo que iba, que me digresiono sin querer... Lo curioso es que aunque lo que me empujó a escribir por primera vez como adulta fue un tipo de poesía de corte feminista y posmodernillo, el producto de ese calentón fue algo rigurosamente clásico.
La conclusión es que al final, seas cabra o cabritillo, siempre tirarás al monte, aunque sea en forma de pastiche. No creo en las convenciones de género, y menos aún en el feminismo. Siempre me han dado algo de dentera.

3 comentarios:

  1. Jau. Entro aqui enlazando desde El Pais, eso lo verás en estadísticas, quería decirte que me gusta como escribes, seguiré tu blog, me parece interesante, cualquier contacto con la inteligencia siempre resulta agradable. Atentamente. Winston Smith. http://hacksperger.wordpress.com/

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  2. Gracias, Winston. Me gustaría visitar tu blog, pero me temo que tienes algún tipo d eproblema técnico.

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  3. Eso es porque está intervenido. Las fuerzas obscuras lo censuran.

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